Con otra visión
Pablo recién se recibe y no sabe por dónde empezar a buscar un empleo que tenga relación con su profesión. Lo poco que encuentra en Internet o buscando en el diario requiere experiencia laboral. Sus amigos encuentran alternativas no remuneradas o escasamente pagas, pero Pablo no puede permitirse este lujo; sus padres han hecho un esfuerzo grande para que estudie y él siente que es momento de generar ingresos propios para comenzar a ganar independencia.
Por otro lado, está el trabajo del call center, en el que pagan bastante bien, pero Pablo cree que si empieza de esa manera, al final va a terminar siendo otro profesional más que no trabaja en la disciplina en la que se formó.
“Irse afuera” en busca de mercados que ofrezcan mejores oportunidades es otra opción, lo que ha transformado a Argentina en uno de los principales puntos de la región en materia de fuga de cerebros.
¿Cómo hacer para revertir esta situación? ¿Cómo lograr que nuestros jóvenes encuentren aquí una posibilidad de desarrollarse y crecer?
Por otro lado y ya en el plano individual, a medida que se acerca el momento de la graduación, todos los estudiantes comienzan a preguntarse sobre su primer paso en el mundo laboral y sobre las alternativas de empleo que tienen como jóvenes profesionales. Existen diferentes grados de reflexión y planificación: están quienes dejan este asunto librado al azar, y aquellos alumnos que lo han planeado con mayor cuidado, ya sea a través de una pasantía, de un intercambio internacional o de la búsqueda de un mentor de carrera en el área de interés.
Según estudios de la consultora Novations —que utilizamos en Intel como base para las charlas de desarrollo de carrera de todos nuestros empleados—, la satisfacción en el trabajo se fundamenta en que el individuo pueda estar haciendo uso de sus talentos (aquellas cosas que naturalmente le salen bien) y de sus pasiones (aquellas cosas que disfruta realizando) en un puesto, organización o mercado que demanda esas habilidades.
Para el desarrollo de los talentos y las pasiones, la universidad es un excelente campo de prueba y formación y el autoconocimiento que cada uno de nosotros va cultivando es clave. El primer paso es hacer un inventario de cuáles son nuestros talentos y de qué cosas disfrutamos. Allí cuentan desde las actividades de voluntariado, los roles que cada alumno va tomando en los equipos de trabajo, los hobbies, los conocimientos adquiridos mediante el estudio, la participación en clase y los exámenes parciales y finales, prácticas profesionales y tesis.
Existen diversos tests que detectan estas fortalezas y nos ayudan a descubrirlas, como el VIA Strenght Finder, MBTI y DISC. También es útil la retroalimentación de profesores, compañeros y familiares, es decir, vale todo aquello que contribuya al conocimiento propio.
Respecto de lo que las organizaciones necesitan, si bien hay muchas competencias técnicas y concretas, según el tipo de organización y según el mercado en el que compite, sí existen competencias básicas que hoy son evaluadas en general a la hora de contratar a un joven profesional.
Según mi humilde criterio y seguramente dejando de lado muchas, ellas son: capacidad de aprendizaje catalizador, empuje por sobresalir, espíritu emprendedor, flexibilidad para adaptarse a entornos cambiantes, manejar la ambigüedad, saber trabajar en equipo, manejar idiomas extranjeros, tener capacidad de pensar en forma global, respeto por la diversidad, capacidad de resolución de problemas en forma sustentable y una sólida formación ética y moral.
Estas competencias varían de acuerdo con cada empresa, sus valores y cultura, y no siempre son un [itlica]match[/itlica] con los diferentes perfiles que tienen las personas, por lo que recomiendo prestar mucha atención a la misión, visión y valores de estas empresas antes de seleccionarlas como posible lugar de desarrollo de carrera. Esto se puede hacer hablando con gente que trabaja hoy en ellas, buscando información en Internet acerca de sus reportes anuales, haciendo [itlica]networking[/itlica], preguntando en entrevistas o ferias de empleos.
En resumen, conocerse a sí mismo; ejercitar las competencias en asignaciones durante el paso por la universidad, ya sea en pasantías, o bien en la misma institución; buscar un mentor, nos pueden ayudar a prepararnos para enfrentar el cada vez más competitivo mundo laboral.
*Licenciado en Administración de Empresas, UCC, 1995 MBA, IESE Business School, Barcelona, España, 2003 Trabajó en el área de Recursos Humanos desde 1995, en Alpargatas Santista Textil, Kellogg’s, Johnson & Johnson en Argentina, Brasil y Estados Unidos. Actualmente es Business Partner de Recursos Humanos de Cono Sur de Intel, con base en la ciudad de Córdoba, Argentina. Para contactarse enviar e-mail a alejandro.g.fernandez@intel.com.
OPINIÓN
¿Qué rol juega la educación en la inserción laboral?
* POR Martín Maldonado
La relación entre educación e inserción laboral de los jóvenes en Argentina refleja cabalmente las consecuencias de un crecimiento económico sostenido, pero no sostenible ya que aumenta la brecha de desigualdad social entre incluidos y excluidos. Pueden distinguirse en este análisis cuatro realidades:
En primer lugar se encuentran aquellos jóvenes que finalizan carreras universitarias de larga duración (cuatro años o más) y que, a pesar de perder terreno en los mercados laborales, siguen manteniendo una clara ventaja respecto de sus pares que no poseen títulos universitarios. El dato actual que caracteriza a este grupo es la paulatina pero sostenida disminución de la matrícula en carreras tradicionales, explicado principalmente por una sobreoferta de profesionales jóvenes. Carreras emblemáticas como abogacía o contador público vienen perdiendo alumnos a un ritmo sostenido, de un siete a un once por ciento anual en las principales universidades del país.
En el otro extremo de la escala social se encuentra una nueva generación de jóvenes expulsados de los sistemas educativos y que no logran ningún tipo de inserción laboral. En su conferencia dictada en la UCC a fines de abril, el Lic. Daniel Arroyo, ex secretario de Políticas Sociales y Desarrollo Humano de la Nación, afirmó que este nuevo fenómeno de exclusión social llamado “generación ni-ni” (ni estudian ni trabajan) afecta a más de 1,2 millones de jóvenes de clases medias y medias bajas, tanto en centros urbanos como en localidades del interior. Muy probablemente estos jóvenes alimentarán el casi 40 por ciento del trabajo informal que persiste en Argentina o necesitarán del socorro de planes sociales para alcanzar los umbrales mínimos de subsistencia.
Un grupo intermedio en términos de capacitación es el formado por egresados de carreras cortas de nivel superior. La oferta educativa de diplomados, tecnicaturas y especializaciones (muchas de ellas on line) ha crecido de modo exponencial en los últimos años en rubros tan diversos como gastronomía, comercio exterior o programación de páginas web. La heterogeneidad de este grupo es tan grande como lo es el éxito de estas carreras en términos de inserción laboral, aunque sin dudas es uno de los grupos en expansión. La publicidad que ofrece “carreras cortas con salida laboral inmediata” no es nueva, pero se hace tentadora en una economía impulsada principalmente por el sector servicios.
Un cuarto grupo está conformado por comerciantes, cuentapropistas y empleados del sector privado que, sin otra necesidad que un título secundario, consiguen trabajo porque la economía se encuentra en expansión, pero son muy vulnerables a los cambios de las condiciones macroeconómicas. En este grupo se destaca a la ciudad de Córdoba como líder regional en desarrollo de [itlica]call[/itlica] centers (más de 35 mil puestos de trabajo creados en atención telefónica de servicios). En el caso de los oficios, que en general son muy rentables, un dato curioso es que un “microbollero” (un trabajador, que con una barra de metal, repara en forma manual las abolladuras que produce el granizo en la chapa de los automóviles) gana entre 8.000 y 12.000 pesos mensuales.
Volviendo a nuestros graduados universitarios, aquellos que consiguen trabajo en el campo en el que se formaron encuentran un segundo escollo relacionado con el bajo poder adquisitivo de los salarios que obtienen los profesionales jóvenes. En una reciente investigación de la UCC, que llevamos adelante junto a la Lic. Teodelina Zuviría en el marco de la Asociación de Universidades confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL), identificamos en todo el país, un 12 por ciento de hogares encabezados por dos personas jóvenes cuyos salarios combinados los ubican entre el tercer y el cuarto decil de ingresos, pero que no logran comprar una vivienda propia y se ven obligados, a pesar de tener buenos sueldos, a alquilar una casa o a vivir con sus padres.
Distintas realidades para distintos grupos de jóvenes dan cuenta de un mercado laboral en proceso de transformación, en el que la educación, sigue siendo el principal factor explicativo de una buena inserción laboral y un potencial bienestar económico.
*Martín Maldonado es investigador y secretario de Desarrollo y Asuntos Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba.
