Editorial
El tema de la inclusión social desde la Universidad tiene —al menos— dos dimensiones que hay que tener en cuenta: por un lado, la Universidad vista hacia dentro y en su capacidad de ser inclusiva; y por otra parte, la Universidad desde su misión social, hacia fuera, trabajando por una sociedad más inclusiva.
Indudablemente ambas dimensiones están vinculadas, o deberían estarlo, dado que la consistencia de una acción pública debe ir acompañada del intento de ir haciendo realidad eso mismo hacia dentro de la Institución.
Y hablo deliberadamente de intentar, porque las concreciones, lo sabemos, muchas veces llevan tiempo, esfuerzo y recursos que se van logrando con el tiempo. El intento prolongado en el tiempo y en las decisiones va acortando la brecha entre lo que se desea y la realidad. En el fondo, como decía T. S. Eliot: “Sólo nos es dado intentar, lo demás no nos incumbe”.
Acciones hacia dentro
En ese intento, trabajamos para hacer una Institución cada vez más inclusiva: queremos que cada vez más jóvenes que no podían acceder a la UCC puedan hacerlo. Por eso, cada año vamos ampliando más nuestro Programa de Becas Solidarias.
En los últimos dos años, además de la posibilidad de reducción de aranceles y de beca total, se han agregado las Becas Padre Camargo, que otorgan un aporte de dinero mensual para que los beneficiarios puedan pagar el transporte y los gastos de apuntes. Este plan es para ayudar a acceder a la UCC a alumnos de familias muy carecientes, que tienen buen rendimiento escolar y desearían estudiar en nuestra Universidad.
El número de estas becas aún es pequeño, entre otras cosas porque muchos chicos descartan sin pensar la posibilidad de estudiar en la UCC porque “es una Universidad cara” y no les parece que puedan llegar a tener un beneficio como este. Esto habla de que no se nos ve —al menos a primera vista— desde algunos ambientes, como una Institución incluyente.
En este momento, hay más de tres por ciento de alumnos con algún tipo de beca. Es un número todavía bajo. En el Plan de Desarrollo 2009-2013, decimos que el objetivo será llegar a una cifra cercana al 10 por ciento en 2013.
La inversión actual es del 2,5 por ciento del presupuesto. Es decir que el Programa de Becas se financia con las cuotas de otros alumnos que pueden pagar y con los ingresos que la Universidad percibe de actividades agropecuarias (con estos últimos se solventan, también, la actividad de investigación y las acciones de compromiso social de la UCC).
En materia de inclusión de personas con algún tipo de discapacidad, aún no estamos donde ni como quisiéramos. Un 55 por ciento de nuestras instalaciones está acondicionado para personas con alguna discapacidad. Todavía nos falta. Hemos hecho inversiones, y las seguimos haciendo. Esperamos lograr mejores resultados a corto plazo.
En el plano pedagógico, estamos trabajando con un equipo de especialistas para atender los casos que se presentan con alguna característica particular y en los que es necesario un esfuerzo específico de la Universidad para integrar a quienes necesitan ayuda especial para clases y exámenes.
En cuanto a la inclusión religiosa, en la UCC, no hay ni ha habido nunca ningún tipo de discriminación por cuestiones de creencias. Hay docentes y alumnos de diversos credos a los que se les respeta su libertad de conciencia. Consideramos que la acepción etimológica de la palabra católico (universal) es una realidad aquí.
Hay, además, un 30 por ciento de los cargos directivos ocupados por mujeres, con lo que intentamos ir haciendo realidad la equidad de género.
Hacia fuera
La Universidad trabaja —por misión y convicción— por una sociedad más inclusiva. Los siete programas estables y los 34 proyectos de Responsabilidad Social Universitaria (RSU) intentan vincular docencia y compromiso social y, también, generar una conciencia social inclusiva e incluyente en nuestros alumnos, futuros profesionales.
Además, en nuestras aulas, se busca formar profesionales con una perspectiva crítica y constructiva. Muchas de esas materias no participan ni de proyectos ni programas específicos de RSU, pero hacen un trabajo fundamental en este sentido porque ayudan a que nos preguntemos por los problemas que aquejan a los excluidos. Muchos docentes —con lucidez y creatividad, desde muy diversas asignaturas— colaboran para que incorporemos en nuestra agenda la temática de los silenciados e invisibilizados de nuestra sociedad. El compromiso social en y de la UCC se manifiesta no necesariamente a través de la participación en programas y proyectos de RSU, sino fundamentalmente desde una mirada comprometida en la docencia con los problemas de los que sufren.
Por otra parte, la orientación de nuestras áreas problema en investigación habla por sí misma: 1. Discriminación, marginalidad y derechos humanos; 2. Desarrollo sustentable y ambiente; 3. Salud de las poblaciones y patologías prevalentes; 4. Tecnologías aplicables; 5. Prácticas institucionales y políticas públicas. Estos planos en los que hemos decidido construir conocimiento tienen una clara mirada social y apuntan a aportar saberes para una sociedad más inclusiva.
Ha habido intervenciones públicas de la Universidad a favor de la inclusión social: recientemente, por ejemplo, en favor de las comunidades afectadas por el enterramiento sanitario en la Zona Sur; o la participación activa de la UCC a través de investigadores, docentes y autoridades en la red ciudadana Nuestra Córdoba, entre otras. Estas acciones de compromiso social reflejan la decisión de poner el conocimiento y la autoridad moral de la Institución al servicio de una sociedad más inclusiva.
Estos son algunos puntos que revelan no sólo una política universitaria, sino una profunda convicción: una sociedad más inclusiva no se realizará exclusivamente desde las universidades, pero ciertamente no se realizará sin el aporte de las mismas. Desde nuestra Institución, nosotros creemos que el conocimiento que aquí producimos y transmitimos tiene una finalidad ética: hay que dar una respuesta por ese conocimiento ante quienes están excluidos del acceso a muchos bienes básicos —incluso de la educación formal—, para que puedan acceder a mejores condiciones de vida y, a través de la palabra de la Universidad, puedan hacer oír más fuerte su voz y sus razones.
En este proceso de intentar trabajar por la inclusión social, también vamos andando un camino de inclusión de la Universidad —y de nosotros como universitarios— en una sociedad que nos ha tenido mucho tiempo autoexcluidos. Vamos buscando saldar así una deuda de justicia.
