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Meisegeier presentó su colección de archivos y recibió una distinción de la UCC.
El Sistema de Bibliotecas de la UCC presentó en octubre de este año una de las colecciones más importantes del acervo documental sobre la violencia política en las décadas de 1960 y 1970 en la Argentina. Se trata de la colección Meisegeier, archivo que reúne material diverso sobre la vida y obra del padre Carlos Mugica, y sobre la militancia social del movimiento sacerdotal del tercer mundo. Entre los documentos que quedan en custodia de la UCC figuran manuscritos originales, cartas, fotografías, videos, volantes, afiches, panfletos y objetos personales que pertenecieran al sacerdote asesinado en 1974.
La colección fue presentada por su propietario, el padre José \"Pichi\" Meisegeier sj, compañero de Mugica en el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Después de la presentación, el jesuita compartió con Noticias UCC una entrevista sobre la política, la herencia de los \'70 y la actualidad de la Iglesia.
-¿Qué significa para la izquierda argentina el archivo de documentos de Carlos Mugica?
-Significa tener documentación muy pormenorizada de alguien que teniendo una postura política supo dialogar, hablar en serio con los opuestos. Carlos, en octubre de 1965, participó en una serie de conferencias de diálogo entre cristianos y comunistas, junto con Fernando Nadra y Guillermo Tedeschi. Él provenía de una familia \"de raza política\", había heredado una cintura política para moverse hacia la izquierda y la derecha al mismo tiempo. Lo vi casi simultáneamente dialogar con Santucho y el grupo del ERP que bajaba comida incautada a los villeros en la capilla de Retiro, y durante esos mismos días realizar en la misma capilla la bendición del matrimonio de la hija de Solano Lima, saludando a todos muy sonriente y amable en el mismo lugar a pocas horas de diferencia. Detalles como este -y otros similares- iban avivando con seguridad el odio y el repudio de la Triple A.
-¿Cuáles son las principales consecuencias, hoy, del trabajo que el Movimiento sacerdotal del Tercer Mundo llevó adelante durante las décadas de 1960 y 1970?
-Hoy, en los seminarios de formación teológica se reúnen tres o cuatro mil chicos y chicas, el 90 por ciento son de barrios pobres. Creo que es una semilla que sigue, brasas que siguen ardiendo. Hay manifestaciones sueltas aunque más reducidas, comunidades eclesiales de base que trabajan en varios lugares. Acá en Córdoba, por ejemplo, está el centro Tiempo Latinoamericano. La apertura hacia otras religiones es también un modo resistir, el diálogo con judíos y musulmanes es ahora más frecuente. Por contagio, ósmosis o casualidad, pero está presente. En otros tiempos teníamos a los \"tres mosqueteros\", Hessayne, De Nevares y Angelelli. No va a haber otro Angelelli que celebre la misa de nochebuena en una villa miseria de la ciudad de La Rioja en vez de la Iglesia Catedral. No va a haber, como acá en Córdoba en el año 1971, iglesias en la que el pesebre tenía una ambientación de villa miseria. Serán otros los gestos, pero algunos irán apareciendo. En la peregrinación a Luján, hoy, se ve gente fumando marihuana, claro, pero una concepción de fe popular sigue viviendo ahí. Entre los pobres se habla del problema de la droga, son chispazos de esperanza. Como decía Joao Libanio, la teología de la liberación no viene de arriba, viene de abajo. Se estudia \"arriba\" en las universidades, pero nace desde abajo, desde el pueblo. La mayor evolución teológica se está dando en la India y también en algunos lugares de África. La teología de los pueblos pobres en la palabras de Jon Sobrino, la teología de los pobres, los mártires anónimos que cuelgan de la cruz de Cristo.
-¿Cómo ve a la Iglesia hoy?
-En la Iglesia estamos en un invierno, que va a continuar. Parafraseando una expresión ya acuñada, en los foros sociales mundiales, \"otro mundo es posible\". Podemos también pensar y aspirar a que otra Iglesia sea posible, pero tenemos que serla, para bien de esta gran masa que es nuestro pueblo.
